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Trabajo frente a la computadora

Caso ilustrativo · Alimentos · CABA

Panificadora de barrio, 9 personas

Facturaban todos los días y el margen bruto estaba en 31%. La merma se comía una bandeja de cada ocho. En cinco meses el margen pasó a 44% y la merma a 4%, con 38 precios recalculados. Es un escenario típico, no un cliente nominado.

Con qué llegó el negocio

Mostrador de barrio en CABA, horno propio, venta a vecinos y a tres comercios de la zona. Nueve personas entre producción, atención y entregas. El libro de ventas cerraba para arriba respecto del año anterior. La cuenta corriente del insumo, no. Harina, manteca y huevo se pagaban al contado o a 7 días; el mostrador financiaba al fiado a dos mayoristas chicos.

El precio del medialún, la facturas y el pan francés se había movido «cuando el proveedor avisaba», no cuando cambiaba el costo por kilo. Había 62 ítems activos y nadie podía decir el margen de los 15 que concentraban el 70% de la venta. La producción de madrugada se armaba por costumbre: se horneaba de más para no quedarse corto el domingo, y el lunes se tiraba o se vendía a mitad de precio.

El equipo conocía el oficio. El hueco estaba en la ficha de costo, en la merma por turno y en una lista de precios que no se había sentado con la reposición real. Pedimos 12 meses de tickets, facturas de harina y lácteos, y un conteo de merma de cinco días seguidos.

31% → 44%

Margen bruto, misma canasta de 15 ítems, a los 5 meses.

12% → 4%

Merma sobre kilos producidos, promedio semanal.

38

Precios de mostrador y mayorista recalculados.

Los números de la línea de base

IndicadorAntesDespués
Margen bruto (15 ítems núcleo)31%44%
Merma sobre producción12%4%
Ítems bajo el piso de costo11 de 38 medidos1 de 38
Días de stock de harina2211
Punto de equilibrio mensualPor encima de la venta de 4 mesesCubierto 9 de 12 semanas medidas

El ticket promedio casi no se tocó. El cambio vino de dejar de vender barato lo que más se pedía y de hornear más cerca de la demanda del día. La caja semanal dejó de pedir un refuerzo el jueves.

Detalle de escritorio de trabajo

Los casos son ejemplos ilustrativos construidos sobre escenarios típicos de pymes argentinas. No identifican clientes reales y no constituyen una promesa de resultado.

Qué apareció en el diagnóstico

Once de los 38 precios medidos estaban por debajo del costo de reposición una vez que se cargó manteca, horas de madrugada, gas y merma. El medialún de mostrador subsidiaba al de mayorista: se entregaba a comercios con un 18% menos y el mismo costo de horneado. Esa diferencia no estaba escrita en ningún lado.

La merma no era «el oficio». En cinco días de conteo, el 60% de lo descartado salía del segundo horneado de la tarde, cuando el mostrador ya había bajado. Se producía para llenar bandejas, no para un pedido. El stock de harina duplicaba lo que el horno usaba en dos semanas: se compraba «antes de que suba» y se ocupaba el depósito con un insumo que se consigue.

La concentración era sana: ningún cliente pasaba el 12% de la venta. El problema no era un deudor grande. Era el precio y la bandeja que se tiraba.

Tres palancas

  1. Ficha de costo y 38 precios nuevos, con piso de mostrador y piso de mayorista.
  2. Plan de producción por día de semana, no por costumbre de bandeja llena.
  3. Tope de compra de harina y lácteos a 12 días de uso.

Las 12 semanas

La lista de precios se pegó atrás del mostrador y en el cuaderno de encargadas. Los primeros diez días hubo resistencia en tres ítems que «siempre se vendieron a eso». Se sostuvo el piso y se bajó uno solo, el que tenía sustituto más barato en el mismo mostrador. El mayorista aceptó el nuevo precio en dos de tres cuentas; la tercera se dejó ir. El volumen que se fue era el de menor margen.

El plan de horneado se armó con la venta de 8 semanas. El domingo sigue siendo el día pico; el lunes se cortó el segundo batch. La merma bajó primero en facturas y luego en pan. El conteo semanal lo hace quien cierra, no un control externo.

Las reuniones fueron cada 15 días, con los mismos 9 indicadores. A la semana 6 el margen ya estaba en 39%. A la semana 10, en 43%. El 44% es el promedio de las últimas cuatro semanas medidas.

Qué no se tocó

No se cambió el surtido completo ni se abrió un canal online. No se tocó la receta. El equipo de 9 se mantuvo. El proyecto no era achicar gente: era dejar de regalar el medialún y de hornear para la basura.

Medición a los 90 días y a los 5 meses

A los 90 días el margen bruto del núcleo estaba en 41% y la merma en 6%. El stock de harina ya había bajado a 12 días. A los 5 meses, con la misma regla de costo, el margen llegó a 44% y la merma a 4%. El punto de equilibrio se cubrió en 9 de las 12 semanas del tramo final.

Lo que se quedó en el equipo: la ficha de costo se actualiza cuando cambia el kilo de manteca, no «cuando se pueda». El plan de horneado se revisa los viernes. Esos dos hábitos pesan más que el archivo del tablero.

Los casos son ejemplos ilustrativos construidos sobre escenarios típicos de pymes argentinas. No identifican clientes reales y no constituyen una promesa de resultado.

Si tu local produce y no sabés el margen por bandeja

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